En una oscura habitación, velada por una tenue luz que apenas rozaba las estanterías

polvorientas, Edgar Allan Poe se encontraba ante su escritorio, contemplando con su

penetrante mirada un pergamino aún en blanco. La pluma temblaba ligeramente en su

mano, mientras reflexionaba sobre el tema que lo intrigaba profundamente: la efímera

naturaleza del entretenimiento moderno, en particular, los reality shows.


"¡Qué ironía tan pérfida se esconde en estos espectáculos!", comenzó Poe, como si sus pensamientos ya formaran parte de una elegía. "En un tiempo donde la humanidad busca desesperadamente la inmortalidad a través de la fama, es precisamente en estos artilugios efímeros donde se hunde más profundamente en el olvido".


Con la pluma danzando sobre el pergamino, continuó: "Los reality shows, engendros de un ingenio vacío, prometen perpetuar la imagen del hombre común en el escenario universal, pero en verdad no son más que espejismos de existencia. Como los fuegos fatuos que titilan en los pantanos, brillan momentáneamente solo para desvanecerse en la nada.


¿Qué permanece tras la última transmisión?


¿Qué queda cuando la audiencia se ha desvanecido en su letargo?"


Poe se detuvo por un momento, buscando en los recovecos de su mente un símil que pudiera abarcar tal futilidad. "Son, en esencia, castillos de arena erigidos junto al mar, cada ola que pasa lleva consigo un fragmento de su estructura, hasta que al final solo queda una llanura desierta, sin rastro de la vana obra humana. El reality show no crea ni moldea, sino que expone al individuo a la cruel y caprichosa luz del público, solo para luego devolverlo a la oscuridad de la indiferencia."


Se inclinó más sobre su escritorio, susurrando como si el mismo viento de la noche pudiera escucharlo. "La retórica de estos programas es la del presente perpetuo, del instante robado al tiempo, pero jamás se apoderan de lo eterno. Es el engaño más trágico, pues su esencia misma es transitoria, como el sonido de un reloj que se detiene, como el cuervo que jamás volverá."


Con una última mirada hacia la noche más allá de su ventana, concluyó: "El reality show es el epítome de lo efímero, de lo superficial. En su reflejo de las vidas humanas, no revela grandezas, ni sombras profundas, sino un eco fugaz que pronto se apaga. Y así, como en todas las cosas, la fama que promete es solo un fantasma, condenado a vagar sin descanso en el olvido".


Y con ese pensamiento, Edgar Allan Poe dejó caer su pluma, consciente de que los horrores más grandes no siempre provienen del abismo insondable, sino de la fugacidad de la gloria humana.



 


 

Mario Bros y El Necronomicón


Había una vez un joven llamado Mario que había crecido en el Reino del Champiñón. Mario era un experto en saltar sobre las tortugas y recolectar monedas doradas, pero su vida se vio alterada un día, mientras exploraba un antiguo castillo en busca de una nueva pista sobre el paradero de Peach, descubrió una misteriosa habitación secreta. Y dentro se encontró un extraño libro polvoriento.


El libro se llamaba el "Necronomicón y el arte de salvar a la princesa Peach de los malvados Bowser y sus secuaces".


Él no sabía nada sobre ese libro, pero sentía que era antiguo y peligroso. Sin embargo, la curiosidad lo venció y comenzó a hojear sus páginas.


De repente, las letras del libro comenzaron a brillar en un raro color rojo oscuro, y de él salió una extraña niebla. Todo a su alrededor comenzó a temblar y sentir miedo, pero Mario no se dio cuenta de nada. Las palabras del libro lo atrajeron hacia adentro, como si estuviera siendo absorbido por el texto.


Mario se desmayó dentro de la habitación, y cuando despertó, se encontraba rodeado de monstruos horribles y seres oscuros. No sabía cómo había llegado allí, ni cómo salir, pero estaba decidido a encontrar la manera de volver a su mundo.


Mientras exploraba y luchaba por su vida, encontró otro libro, un libro más antiguo aún que el Necronomicón. Este libro pertenecía a un anciano sabio que le había hablado sobre el enemigo que lo había atrapado en ese extraño lugar. El sabio le había dado instrucciones precisas para encontrar la llave de la salida al bosque del otro lado del laberinto.


El camino hacia la salida estaba lleno de trampas, trucos y peligros, pero Mario usó su sabiduría y habilidades para sortear cada uno de estos obstáculos. Finalmente, logró encontrar la llave y abrir la puerta del bosque.


Una vez que regresó a su mundo, Mario comenzó a recordar el extraño lugar y el libro que había encontrado allí. Al principio, pensó que todo había sido solo una ilusión, hasta que encontró el libro oculto en un estante de su habitación. Allí, se dio cuenta de que el libro que había encontrado era un objeto peligroso y que debía ser protegido de aquellos que quisieran utilizarlo para hacer el mal.


Mario guardó el libro en un lugar seguro y juró nunca más volver a abrirlo. Sabía que su curiosidad lo había llevado a un peligroso mundo desconocido y que era mejor dejar el Necronomicón en paz. A partir de ese momento, Mario se dedicó a salvar a Peach y proteger su mundo de los enemigos que amenazaban su seguridad.


Perdí Mi Ojo de Venado

Ese día, Doña Macabra me hablaba de la suerte de cada persona en la cueva de las veladoras. Decía que no importaba su vida o de que manera purificaban su alma, todos van al mismo lugar. No importa el grado de voluntad que tengan, porque sabrán que fueron engañados toda su vida al encontrarse con el silencio perpetuo del alma. Sabe jugar Ajedrez; le encanta jugarlo a ciegas. Así que todas y cada una de las piezas, las venda como si estas tuvieran ojos. A veces me pregunto, ¿qué encontrará al final del juego?


NOCHES DE LUPERCA


Luperca cansada de los ruidos y el smog de la ciudad, se fue a pasear con la Luna en una noche estrellada.


EL VIAJE


En la eterna galaxia de las soledades, existen planetas para viajeros cansados de escucharse así mismos.


PASEO 345


Su atención por favor. A su derecha podrán ver la galaxia de los silencios. Donde Se dice que reposa sus pensamientos.

LA ROJA Y EL LOBO


Todos ven a un demonio. Ella, un alma solitaria.